Un nuevo mapa de la Gran Manzana
Sé que voy a cometer lo que para muchos es un sacrilegio, pero así me ha parecido: las hamburguesas de New York Burger son mejores que las de Alfredo's Barbacoa. Está mal hacer comparaciones, porque está claro que Óscar, el artífice de este ya exitoso proyecto, no pretende imitar al famoso restaurante, pero resulta inevitable: más gruesas, más jugosas, con más aroma. Mejores.
La boca se me hace agua según entro en New York Burger, todo gracias al aroma a carne magra a la brasa de carbón que flota en el ambiente, el de una hamburguesería luminosa, moderna, con cocina a la vista y donde no existe pudor a la hora de comer con las manos, porque para eso distribuyen toallitas limpiadoras después. Entre chispeantes mantelitos de cuadros rojos, los oficinistas de la zona tratan de conseguir un hueco en cualquiera de sus dos plantas, pero no es fácil… Yo, que he enviado una avanzadilla, ya sentada frente a los tan americanos botes de mostaza y ketchup, me pierdo en la marea de hamburguesas, todas en tres tamaños. 160, 250 ó 350 gr. y precios entre los 6,30 y los 11,50 €. Los más clásicos se decantarán por la New York Burger, con lechuga, tomate y cebolla a la brasa, o por la Manhattan, a la que suman queso cheddar. Todas se sirven con patatas fritas, pero por eso de que mi tradición mediterránea me impide encontrar alicientes en lo que no sean patatas caseras, recomiendo cambiarlas por asadas por solo 0,50 € más.
Sabrosa Manhattan, pero más interesante Wall Street, con provolone y pimientos a la brasa. Dos emblemas de la Gran Manzana, como la Chrysler Tower, con queso azul y salsa de arándanos, y Brooklyn, con queso Philadelphia, bacón y cebolla caramelizada, ya han conquistado nuestra ciudad. Little Italy, con mozarella, aceite de oliva, orégano, tomate y rúcula; Times Square, con queso de cabra, miel y frutos secos; Bronx, con cheddar, guacamole y bacón; Empire State, con chile con frijol… ¡el mapa de NYC ha cambiado!
La burger puede completarse con ensaladas y entrantes tan americanos como la mazorca a la brasa, los apetitosos fingers de mozarella o los aros de cebolla, con un rebozado y una fritura envidiables. Y, para los que no opten por la burger, pollo a la parrilla, costillas a la brasa, New York Steak y sándwiches que rinden homenaje a figuras como Robert de Niro, Woody Allen, Martin Scorsese o Frank Sinatra.
Los postres no se desvían de la ruta americana: brownie con helado de vainilla; cookie con chips de chocolate y helado de vainilla y la clásica New York Cheese Cake con salsa de frambuesa, un final a juego con mi mantel.
Óscar no parece ser de los que gustan de centrar polémicas, sino de los que cierran los domingos porque, después de estar toda la semana al pie del cañón, atendiendo con humildad a sus clientes, preparando hamburguesas o haciendo aquello que lo que cada momento requiera, necesita tomar un respiro, aunque solo sea para ir fraguando próximas incorporaciones en carta –como los batidos- o cómo organizar los futuros brunches. Apoyo de sus comensales no le va a faltar.